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Mucho más que un deporte

Ufff, pues empiezo a escribir en mi blog, lo cual me llena de emoción, pero también de cierta responsabilidad, porque quiero que sea una válvula de escape, a la vez que una herramienta para dar mi opinión sobre diferentes temas que van surgiendo y que me afectan de una manera o de otra. Tengo que advertir sobre mi visceralidad, aunque supongo que, a la hora de escribir, uno se controla más que cuando habla. Me gustaría poder escribir con la misma libertad que con la que hablo, siendo consciente de que queda por escrito, pero aparcando ese posible handicap para dar rienda suelta a mis pensamientos que, por otra parte, son tan difíciles de plasmar con palabras.

Dicho lo cual, quería inaugurar este nuevo reto mostrando mi pasión por un deporte, el rugby, y más concretamente, por el rugby touch. No rugby tag, ni rugby, a secas, puesto que no hay contacto -entendiéndose por contacto las melés, maules o placajes-, sino rugby touch. Para los que han jugado al rugby, puede que sea difícil de aparcar este tema, el del contacto; el tener que parar para plantar el oval en el suelo o ir hacia atrás cuando estás defendiendo. Pero hay que abordarlo desde cero, como debería abordarse todo en la vida, con la mente limpia y con ganas de aprender, no con los prejuicios y miedos que nos suelen hacer bloquearnos e impedir dar un paso más allá para ser felices.

Me da rabia haber descubierto este deporte, y el propio rugby, ya con una cierta edad, que te impide correr todo lo que quisieras y moverte con más soltura. Pero las cosas llegan cuando llegan y hay que disfrutarlas en las condiciones en las que lo hacen, en mi opinión, o por mi forma de ser, siempre al máximo. En mi caso, el hallazgo llegó en el club El Salvador de la mano de Fran Carracedo, al que tengo mucho que agradecer, pero el punto de inflexión nació de la visita del presidente de Touch España, Víctor Suárez, y del curso de entrenador que impartió José Delgado en el club. Su forma de vivir este deporte y de transmitirla, cambió a todo el equipo, y se empezó a engrasar la maquinaria. Invito a todo el que tenga curiosidad a que vea algún vídeo de rugby touch y, sobre todo, a que se anime a practicarlo en su ciudad. He tenido la suerte de que una entidad como El Salvador, nos ofreciera todo su apoyo y respaldo para llevar a cabo un proyecto que surgió de un grupo de madres y que va tomando forma para llegar a convertirnos en un equipo que pueda competir en los torneos.

En realidad ya participamos en uno, el organizado por Capital Touch, pero eso lo dejo para otra entrada, porque yo soy de enrollarse muy fácilmente y al final me voy por los Cerros de Úbeda.

A lo que iba, el rugby touch es más que un deporte. Combina agilidad, capacidad de decisión, rapidez, destreza mental para vislumbrar los espacios y aprovecharlos pero, para ello, no es necesario estar en un estado de forma perfecto. Lo que hace falta es querer pasarlo bien, disfrutar del juego y buscar apoyos en tus compañeros, como cualquier deporte de equipo, con lo que tiene cabida todo tipo de personas, de cualquier edad o sexo. De hecho, en países como Nueva Zelanda, cuna del rugby, por poner solo un ejemplo, hay escuelas de rugby touch -y aquí, en España, en La Laguna, donde llevan años practicando esta modalidad, también empiezan a enseñarla desde las categorías inferiores-, porque es un vehículo estupendo para acercarse al contacto y para aprender a moverse por el campo con mayor facilidad.

Entiendo que, explicado así, y si añado reglas que, aunque son sencillas de seguir cuando se juega, pueden resultar complejas a la hora de detallarlas, resulte insulso. Pero si digo que cuanto más se practica, más se quiere; que uno está deseando calzarse las botas de tacos aunque haya dos o tres grados bajo cero en los campos para jugar un rato; que cada movimiento se sigue con atención, para que quede grabado y te permita mejorar; que te hace disfrutar como un perrillo que acaba de descubrir el mar o la nieve y no quieres que se acabe el entrenamiento; que permite conocer gente maravillosa que lo que ansía es divertirse, pero también aprender y avanzar; que aporta no solo bienestar físico, sino también mental, sobre todo cuando te reúnes con los compañeros para comentar la sesión de trabajo y luego hablar de lo divino, lo humano, y de tonterías varias que se van acrecentando con las ocurrencias de unos y de otros, para terminar la jornada con una gran sonrisa en tu boca. Y si a esto le añades que vas buscando propuestas para quedar, ya sea para correr un rato, o para hacer ejercicios o para jugar, que es lo que todos deseamos -y más ahora, que hay que quemar lo acumulado durante el verano-, pero además para hacer una barbacoa, ir a un pantano, a tomar cañas en los bares, a cenar, o de fiesta por la ciudad. Por lo que a mí respecta, hallar el rugby touch me ha dado muchas cosas, muchas más de las que yo pudiera esperar, desear ni pensar: un deporte increíble que me llena totalmente y unas personas magníficas que forman parte de mi vida y que espero estén en ella hasta el final de la misma.

Seguiré hablando de este tema cuando empiece la temporada deportiva -dentro de muy poco ya- pero lo dejo para siguientes entradas, porque ésta ha sido la primera y no quiero que se convierta en una especie de discurso sin sentido. Seguiré en línea...